Hoy os traigo este relato que leí hace un
tiempo, tengo que decir que no tengo el honor de saber quién lo escribió, aprovecho desde aquí a que, si alguien sabe su autor me lo diga, a mi me llegó muy hondo e invita a una gran reflexión, espero que os
guste y ayude tanto como a mí.
En una gran empresa, un día, cuando los
empleados llegaron a trabajar, encontraron en recepción un enorme letrero en el
que estaba escrito: “Ayer falleció la persona que impedía tu crecimiento en
esta empresa. Está invitado al velatorio”.
Al principio, todos se entristecieron por la
muerte de uno de sus compañeros, aunque después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el
que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros en la empresa.
La agitación era tan grande, que fue necesario
llamar a los de seguridad para organizar la fila de los asistentes al
velatorio.
Conforme las personas iban acercándose al ataúd,
la excitación aumentaba. ¿Quién
será el que estaba impidiendo mi progreso? ¡¡El pobre infeliz murió!!
Uno a uno los empleados se aproximaban al ataúd,
miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más absoluto
silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.
Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo…
cada uno se veía a sí mismo con el siguiente letrero: “Sólo existe una persona
capaz de limitar tu crecimiento y eres TU MISMO”
Tu vida no cambia cuando: cambia tu jefe, cuando
tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia.
Tu vida cambia cuando tú cambias, eres el único
responsable por ella.
El mundo es como un espejo, que devuelve a cada
persona el reflejo de sus propios pensamientos.
La manera como tu afrontes la vida es lo que
marca la diferencia.
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